domingo, 17 de agosto de 2014

DARWIN

El día 16 de agosto del 2014, junto con algunos compañeros de mi clase de biología, nos adentramos en las peculiares calles del centro histórico de la ciudad de México, exactamente al museo del Antiguo Colegio de San Ildefonso; al rededor de la 11:30 de la mañana, llegamos a nuestro destino.

Mis expectativas antes de entrar a esa prometedora exposición eran grandes, y cuando por fin comenzamos el recorrido, valió la pena.

Al entrar a la primer sala de éste evento, nos encontramos con los propósitos del por qué hicieron una exposición dedicada solamente a Darwin: al tratarse del bicentenario del natalicio del padre de la biología moderna, armaron una muestra de la vida y obra de Charles Darwin. 

Él era un gran observador de la vida, cuando tenía sus cuadernos y su microscopio era cuando se sentía muy feliz. Evitaba la opinión pública porque le enfermaba. Este brillante observador de la naturaleza mantuvo en secreto, por décadas, su gran obra maestra, original y revolucionaria. A pesar de eso, hoy, ya dos siglos después, todos sabemos qué fue lo que hizo este gran ente maestra.

Básicamente, lo que Darwin propuso es que cada organismo viviente comparte un ancestro común y la vasta diversidad que hay en nuestro planeta es por el resultado de procesos que se llevaron a cabo al rededor de millones años.

Aunque suene tan simple, para Charles fue una dura batalla hasta con su propia familia. Nació en 1809 en una familia adinerada de la Inglaterra rural. Se pasaba el tiempo observando a las aves y leyendo, aunque se le consideraba un estudiante mediocre y la escuela le aburría, pero nunca le cansó estudiar los detalles del mundo natural.

En su adolescencia, le fascinaba la química, geología, biología y botánica. Pero tuvo, a la fuerza, que estudiar las carreras que su padre le exigía: medicina y clérigo. Fue ingresado a la Universidad de Cambridge, sin embargo, un círculo de académicos de élite reconocieron su potencial, y fue así como su talento para las ciencias naturales por fin floreció.

Con la ayuda y enseñanza del reverando J. H. Henslow, hizo que Darwin tomara el "hobby" de las ciencias naturales, como algo mucho más serio. Le dio una gran lección de geología, fueron a Gales a examinar el tipo de tierra de su país, hasta Darwin reconoce: "Este viaje fue definitivo para enseñarme un poco cómo entender la geología de un país".

Un punto clave en la vida profesional de Charles Darwin, fue sin lugar a duda, el viaje de 5 años en el 
navío Beagle, que lo llevaría a recorrer y darle la vuelta al mundo. 


En 1831, dos semanas después de su viaje a Gales, Darwin es sorprendido por una carta de su profesor Henslow. Contenía la oportunidad de su vida, una invitación para viajar por todo el mundo como naturalista en HMS Beagle. Él estaba fascinado, porque siempre había añorado con viajar por todo el mundo explorando la historia natural de tierras tropicales. Pero, su padre desaprobaba la idea de que su hijo se fuera, así que hizo que su hijo rechazara la oferta. Sin embargo, no se dio por vencido, habló con su tío Josiah Wedwood, para que juntos elaboraran una justificación tan sutil como para convencer al padre de Charles de dejarlo ir. Tras el permiso concedido de su padre, el jóven entusiasmado corrió a avisarle a su profesor que iría y ya estaba listo para emprender el viaje.

Abordo del Beagle, recorrió gran parte de Suramérica, lo que le permitió explorar el continente y las islas, incluidas Galápagos, en donde fue un punto clave para su investigación sobre la adaptación de los seres vivos. Darwin llenó docenas de libretas con apuntes con cuidadosas observaciones sobre animales, plantas y geología. Recogió varios especímenes que embaló y envió a Inglaterra para más estudios.


Darwin afirmó después del viaje: "fue, por mucho, el suceso más importante de mi vida, y determinó toda mi carrera". Cuando partió, era un joven de 22 años que aún tenía la visión de convertirse en clérigo. Al momento de su regreso, ya era un naturalista consumado, famoso en Londres por las colecciones que había enviado. El viaje del Beagle le daría tal experiencia, para reflexionar y ser la semilla para la teoría que desarrollaría por el resto de su vida.

En lo personal, me encantó esta exposición, ya que, aparte de mi deseo y noción de estudiar biología, los detalles de la muestra son sublimes. Al presentar animales vivos, es más que increíble.

Recomiendo ampliamente  a que asistan, el costo es sumamente accesible, y aunque no estén interesados en la biología, es un buen sitio para pasar un rato con tus personas más cercanas lleno de cultura, y aprendan cosas nuevas.





























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